¿CONOCES TURÉGANO?

Historia

Diversas hipótesis suponen que el origen de Turégano arranca de un castro prerromano situado en el mismo cerro del castillo, y que perduraría como ciudadela, quizá ya fortificada, durante la colonización romana y la invasión árabe, para pasar, hacia finales del siglo XII, a poder del Obispado de Segovia, tras la donación de la Villa por parte de la reina Doña Urraca al obispo D. Pedro de Agén.

De esta forma, la historia de Turégano quedará ya siempre condicionada como Señorío Episcopal.

No sólo el antiguo castro y la Iglesia de San Miguel evolucionaron para adaptarse a las necesidades del obispo y sus posesiones, sino que la Villa se transformó y desarrolló en virtud de esa circunstancia.

Pero mucho antes de ello, Turégano ya se había abierto un hueco en la historia por ser paso obligado de tres de las cuatro únicas rutas medievales segovianas: la de Turégano a Buitrago, “la Carrera” de Sepúlveda a Segovia, por Turégano, y la de Turégano a Fuentidueña.

EL CASTILLO

El encastillamiento de la iglesia de San Miguel a lo largo de sucesivas etapas constructivas tuvo como resultado un edifico de belleza sobrecogedora reconocido internacionalmente. Su origen hay que buscarlo en el siglo XII, después de que la reina doña Urraca donara Turégano al obispo de Segovia. A finales de ese siglo tuvo lugar la batalla de Alarcos (1195), en la que los cristianos sufrieron una gran derrota. Es posible que en aquel momento se decidiera construir una muralla rodeando el cerro en el que se había empezado a construir la iglesia románica de San Miguel.

La iglesia se terminó en el siglo XIII, cuando se añadieron las naves en un momento ya de transición al estilo gótico. El primer documento que menciona la existencia de un castillo son las actas del sínodo celebrado en 1440, siendo obispo fray Lope de Barrientos. Por los estudios arqueológicos sólo cabe pensar que entonces tan sólo existía la cerca exterior.

Años después, fue el obispo Juan Arias Dávila el que decidió construir un castillo sobre la iglesia para defender las rentas y posesiones del obispado, aunque es evidente que buscaba  fortalecer su posición tras haberse enemistado con el rey. Las obras debían de estar muy avanzadas dos años después, cuando murió el infante Alfonso y Juan Arias se refugió en Turégano junto a su hermano Pedrarias. Bajo su mandato se construyó la muralla interior que rodea el castillo. En ella destaca la puerta principal, protegida por dos fuertes torres circulares. Se levantaron también las tres altas torres sobre la cabecera de la iglesia, quedando embutidas en ellas tanto los ábsides como la antigua torre románica. En el interior se disponen varios niveles de estancias abovedadas unidas por angostos pasillos y escaleras. Esta distribución resulta laberíntica pero era muy eficaz defensivamente, y las estancias quedaban intercomunicadas visualmente, pudiéndose controlar en todo momento quienes accedían a ellas. Arias Dávila murió en Roma y no fue enterrado en Turégano como había dejado dispuesto. Los blasones con sus armas fueron eliminados. Queda claro que la iglesia no dejó de ser nunca tal, puesto que en ella había fundado varias capellanías que se mantuvieron al menos hasta el siglo XVII. Su sucesor fue Juan Arias del Villar, quien mandó continuar con las obras inacabadas, levantándose entonces los muros y las torres que rodean las naves de la iglesia a la vez que se creaban nuevas estancias sobre las naves laterales. Las torres y los matacanes se adornaron con profusión de bolas de piedra, lo que les otorga un aspecto parecido a la diadema de una corona. Parece que el arquitecto que se encargó de las obras fue Juan Gil de Hontañón, quien por entonces trabajaba en la nueva catedral de Segovia. La portada occidental de la iglesia quedó cegada y sobre el acceso meridional se levantó un imponente balcón entre dos torres y sobre el blasón con las armas del obispo. Este balcón domina la villa y fue en su momento toda una escenificación del poder temporal del señor de Turégano. Aunque no hay constancia documental de ello, seguramente también fue Hontañón el que se hizo cargo de las obras al reanudarse después de 1512, siendo obispo Diego de Rivera.

Con esta intervención se terminaba un proyecto bastante unitario. Lo más destacado de esta fase es la torre circular del lado norte del recinto que alberga una escalera helicoidal. En ella aparece el blasón del obispo. Por un documento del siglo XVI cabe pensar que en el espacio que quedaba entre la muralla interna y el castillo estaban las caballerizas, las paneras, el horno y otros aposentos. Ese espacio terminó siendo cementerio parroquial hasta finales del siglo XIX. Como testimonio de ello se conserva una lápida de un vecino de la villa que fue fontanero del Real Sitio de San Ildefonso, encargado del mantenimiento de la compleja red de tuberías que abastecía a las fuentes monumentales durante los juegos de agua. El castillo de Turégano apenas tuvo más uso defensivo que el de ser refugio de Arias Dávila y de su invitado ocasional Fernando el Católico. Tampoco perduró el intento de su impulsor de que residieran allí de forma permanente los capellanes de la iglesia. El uso principal fue el de cárcel, tanto episcopal, pues no hay que olvidar la dimensión temporal del poder de los obispos, como de Estado. El preso más famoso fue, sin duda, Antonio Pérez, secretario de Felipe II. Llegó a Turégano a cumplir una pena de dos años de encierro en una fortaleza. Su primera estancia estuvo en la torre norte, pero ante las incomodidades consiguió que le trasladaran al lado sur, donde gozaba de una vida confortable. Perdió sus privilegios al intentar fugarse y dice la tradición que terminó preso en un sórdido calabozo junto al absidiolo de la epístola. El castillo estaba en desuso en el siglo XVII, pero la parroquia seguía en funcionamiento. En 1703 se hizo la última gran obra, la gran espadaña barroca que preside el conjunto y que parece reivindicar la preeminencia de la iglesia sobre la fortaleza.

LA PLAZA DE ESPAÑA O DE LOS CIEN POSTES

En la vida diaria, todos los acontecimientos de Turégano giran en torno a la Plaza Mayor, que a principios del siglo XX se llamó Plaza de Alfonso XIII, más tarde de la República y ahora de España.

Con usos diversos, desde antiguamente, la Plaza Mayor ha servido de escenario para la celebración de ferias y mercados que tanta importancia adquirieron en la villa; igualmente y desde finales del mes de agosto podemos contemplar, ya montado, su coso taurino listo para festejar las célebres corridas medievales de la villa.

Cuando el recogimiento de la Semana Santa nos invade, la Plaza Mayor de Turégano acompaña a vecinos y foráneos a las distintas procesiones y actos religiosos que se celebran en el municipio.

Sus casas se atienen a la misma tipología constructiva: pórticos adintelados, esgrafiados en sus fachadas, entramado estructural de madera visto y cubiertas de largos faldones con teja al estilo segoviano, árabe en canal y sin cobija.

Arropada por el castillo y protegida por él, la Plaza Mayor, la Plaza de los Cien Postes, como así la bautizara Victoriano Borreguero, natural de la villa y cronista oficial de la villa, nos acoge con su encanto particular y nos invita, como a todos sus vecinos, a susurros y comentarios entre sus soportales.

 

IGLESIA DE SANTIAGO

Esta iglesia tureganense es, al igual que todo el recinto del castillo con la Iglesia de San Miguel, monumento histórico artístico, con declaración oficial en el Boletín Oficial del Estado.

Tal como ha llegado a nuestros días, es un templo construido en diversas épocas y diversos estilos arquitectónicos.

Su interior consta de una nave central, una nave lateral donde se encuentra una capilla barroca llamada de la “Soledad”, el ábside que acoge el altar mayor, y dos sacristías adosadas al mismo, una de las cuales, la del lado de la epístola, fue demolida con el ánimo de dejar exento un arco más de la primitiva estructura románica del templo.

La torre, situada a los pies del templo, consta de una escalera, actualmente restaurada manteniendo su antigua estructura de entramado de madera, que conduce a un primer piso donde se encuentra ubicado el coro y donde puede contemplarse un precioso órgano barroco.

En el exterior del templo, la puerta de entrada, ubicada en la fachada sur, se encuentra adornada por un pórtico rematado con frontón donde se halla ubicada la talla de madera del Apóstol Santiago, titular y patrón del pueblo.

EL ÁBSIDE ROMÁNICO DE SANTIAGO

El interior del ábside románico de la iglesia de Santiago estuvo oculto al menos desde el siglo XVI por un retablo. El de aquel siglo posiblemente se incendió y fue sustituido por el esplendoroso retablo barroco realizado en el siglo XVIII. Desde hace años se sabía que detrás de él había un conjunto escultórico de gran interés que se podía ver entrando por un hueco bajo el sagrario. Finalmente, se ha llegado a una solución ejemplar conservando la obra barroca pero adelantándola para poder ver las esculturas medievales. El traslado y la restauración se inauguraron oficialmente el 25 de julio de 2010, festividad de Santiago Apóstol.

Lo que hoy podemos apreciar es uno de los ábsides más singulares e interesantes del románico castellano. En el hemiciclo se abren tres vanos con arco de medio punto y en los dos espacios que se generan entre ellos se dispusieron dos relieves. También se han descubierto para disfrute los visitantes los capiteles de los vanos, la imposta floreada y restos de pinturas murales en los que se distingue a un ángel tocando un cuerno. En cuanto a los dos relieves principales, el de la izquierda según lo ve el espectador representa a Santiago El Mayor ricamente vestido, portando un libro en una mano en el que se lee IA(C)OBUS APOSTOLUS y un báculo con empuñadura en forma de tau en la otra. Sobre el aparecen dos bustos humanos a los lados de una cabeza de un animal feroz. Este último elemento es poco frecuente en la iconografía jacobea, pero también aparece en la representación del apóstol que se puede ver en la compostelana puerta de Platerías. En el otro relieve aparece Cristo en majestad rodeado por el Tetramorfos, la representación de los cuatro evangelistas, sobre el Pantocrator están el sol y la Luna y por debajo aparecen seis peregrinos, tres andando y tres arrodillados. Los peregrinos arrodillados podrían ser Fernando III el Santo, su mujer Beatriz y el obispo de Segovia Bernardo, quienes habían estado en Santiago en 1232. Hay que tener en cuenta que la catedral de Santiago de Compostela, según la concibió el maestro Mateo, se consagró en 1211. La monumentalidad de las obras y la profunda carga iconográfica del Pórtico de la Gloria unida a la genialidad creativa, causaron un profundo impacto en la sociedad de la época. Los relieves de Turégano son el reflejo de ello.

PALACIO EPISCOPAL

Fue mandado construir por el prelado D. Manuel Murillo Argaiz para residencia de los obispos durante sus estancias en la villa. Se encuentra situado en el lado sur de la Plaza Mayor, y actualmente tiene su entrada principal por la carretera general, frente al ábside románico de la Iglesia de Santiago.

Con la desamortización de Mendizábal, este palacio pasó a ser propiedad privada, y con los años se fueron adosando al edificio otras construcciones, por lo que hubo de trasladarse el escudo del prelado, que un primer momento estuvo colocado en la fachada central, a un lado del muro.

Actualmente, como propiedad privada, el edificio ha perdido en gran medida las referencias del propio palacio, y desde luego pocos sospechan que su fachada principal constituyó el fondo sur de la Plaza Mayor, sin los edificios que hoy le aprisionan y enmascaran.

CASA PALACIO DE MIÑANO

Esta casa consta de tres plantas y buhardilla. Construida toda ella con los materiales de la época: piedra, adobe, ladrillo y madera, ha sufrido diversas transformaciones a lo largo del tiempo.

Antiguamente el edificio, uno de los más importantes de Turégano, acogía cocheras, huertas, diversas dependencias y caballerizas que servían de ángulo no porticado a los soportales de a Plaza hasta la propia casa-palacio contribuyendo a prolongar el propio conjunto de la Plaza Mayor.

En la actualidad, la Casa-Palacio de Miñano posee un patio interior de columnas de muy buena factura, mientras que al exterior su primitiva fachada se encuentra dividida en bar, viviendas, despacho de pan y centro social tureganense.

ERMITA DE NUESTRA SRA. DE LOS REMEDIOS Y VÍA CRUCIS DEL HUMILLADERO

La vereda que transcurre hacia el camino de Torreiglesias nos conduce hacia la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios.

Acompañando nuestros pasos, una serie de cruces, talladas todas ellas de granito, y de distintas épocas de ejecución.

El conjunto ofrece al visitante un total de 14 cruces que sirven de recordatorio y parada para el rezo procesional o privado del Vía Crucis.

Acompañados por este sobrecogedor Vía Crucis, paseo obligado para tureganenses y visitantes, se accede a la Ermita, edificio de planta rectangular y pequeñas dimensiones restaurado en el año 1802.

En su exterior se observa una inscripción de concesión de indulgencias “REZANDO UN PATER NOSTER DELANTE DE ESTE SANTO XTRO. SE GANAN XL DIAS DE YNDULGENCIA”, y el ventanal de rezo ubicado debajo de la inscripción, desde donde puede observarse la imagen de Ntra. Sra. de los Remedios, escultura sedente con el niño Jesús apoyado sobre la rodilla izquierda, y en la mano derecha, un ramo de flores.

PILÓN DE LA PLAZA DE SANTIAGO

Recibe su agua (no potable) del arroyo Valseco o “Madre del caño” y que cuenta con un alto relieve en su frontal que explica su construcción que fue debida al rey Carlos III.

LA ANTIGUA SINAGOGA

La aljama de los judíos tureganenses tuvo notable imortancia social, económica y religiosa en los siglos XIV y XV. Uno de los barrios de la villa ofrece aún la configuarición característica de la juderías castellanas. Actualmente casa parroquial.

EL BURGO, JARDÍN DE OBISPOS. IGLESIA DE STA. MARÍA

En el primitivo barrio del Burgo, durante siglos existió la parroquia de San Pedro y, a su lado, la iglesia de Santa María en la que Arias Dávila celebró el sínodo episcopal del año 1483 sobre ella, los prelados segovianos construyeron su palacio de verano, “el hotel” en donde en períodos estivales residieron hasta bien entrado el siglo XX.

MUSEO FORESTAL

Situado en un enclave sin igual, rodeado por un maravillosa fauna y flora, se encuentra este Museo, situado en la antigua Casa del Ingeniero que ha sido restaurada para albergar el recuerdo a las gentes que han dedicado su vida a los trabajos realizados en  los pinares: resineros, pegueros, piñoneros, guardas, etc. Desde antiguo el aprovechamiento del monte por el hombre centró su interés en la explotación de los recursos de éste. El pino como recurso maderero, la resina, el piñón, la caza, el aprovechamiento vecinal de pastos y la extracción de brozas creó un ecosistema propio y un medio de vida para sus gentes. Sin embargo, a mediados del siglo XIX se inicia la explotación industrial de la resina lo que ocupó una extensa mano de obra, y una cierta riqueza industrial, además de un cuidado especial del monte por los resineros, transformando toda esa forma de hacer.

Gastronomía

La gastronomía local se caracteriza por la elaboración de asados, especialmente de cordero y cochinillo, que en el caso de Turégano cuenta con cerca de un siglo de tradición en sus hornos. Así como en los restaurantes de la villa encontraremos otro suculento manjar: el bacalao al ajo arriero, elaborado desde mediados del siglo XX por las mujeres del pueblo para la Feria de San Andrés.

Por último, en las bollerías y panaderías encontraremos suspiros, bollos blancos, rosquillas de yema, rosquillas fritas, periquillos, torta de chicharrones, bollos de coco, magdalenas y un amplio abanico de dulces típicos tureganenses.

Fuente página oficial del Ayuntamiento de Turégano: www.turegano.es

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